La historia de un pueblo está marcada por hombres y mujeres que con sus hechos, ofrecen testimonio a sus coetáneos y a las generaciones venideras, como lo hizo nuestro primer mártir, San Vicente, cuyo nombre se ha extendido, urbi et orbi, dando nombre a pueblos, ciudades, cabos y templos en los cinco continentes. Este 22 de septiembre recordamos a aquellos 233 valencianos que, siglos después, recogieron su testigo muriendo por su fe y sus creencias durante la persecución de 1936.
La archidiócesis de Valencia celebrará este domingo, 22 de septiembre, la festividad litúrgica de los 233 mártires de la persecución religiosa de 1936 que fueron beatificados por el papa san Juan Pablo II en el año 2001, de los que 226 son valencianos.
Son personas con nombre y apellidos que ante las tesituras de las circunstancias dijeron que eran cristianos en tiempos difíciles. No murieron en campo de batalla, ni luchando, ni en bombardeos. Fueron asesinados por ser cristianos, por ser religiosos o por no quitar los crucifijos de sus casas. Sus nombres han sido elevados a los altares, como testimonio y como ejemplo de vida consecuente.
“Son muchos los puntos geográficos de la diócesis de Valencia relacionados con los “primeros beatos del tercer milenio”, como denominó el papa san Juan Pablo II a los beatificados en aquella solemne ceremonia. En casi todas las comarcas valencianas existe un lugar donde nació, vivió o murió alguno de los mártires beatificados entonces”, explica Ramón Fita, delegado diocesano para las Causas de los Santos.
El que fuera arzobispo de Valencia, el cardenal Agustín García-Gasco, en la homilía que pronunció en la Basílica de San Pedro en la misa de acción de gracias el día después de la beatificación de los mártires, citando unos versos del poeta inglés Thomas Eliot, dijo: “donde ha vivido un santo, donde un mártir ha derramado su sangre por Cristo, el suelo es santo y esa cualidad no la pierde nunca”.
“En efecto, determinados lugares de nuestra geografía regional tienen un atractivo, no sólo histórico y emotivo, sino también religioso”, indica el delegado diocesano para las Causas de los Santos.
Es cosa sabida que el territorio ocupado por la Archidiócesis de Valencia supera la demarcación provincial. Todo el norte de la provincia de Alicante pertenece a la diócesis de Valencia; las comarcas de Alcoy, Benisa, Cocentaina, Denia y Pego forman parte del territorio valentino. Igualmente, el territorio de la Sede Valentina era, no hace muchos años, mayor, pues el sur de la provincia de Castellón también pertenecía a Valencia.
El recuerdo de nuestros mártires es una herencia que no se debe perder y que se ha de transmitir como un perenne deber de gratitud, que suscita un renovado propósito de imitación.
En lo que respecta a la Archidiócesis de Valencia, después de las beatificaciones de 2001, se han instruido y presentado en Roma cinco causas que agrupan a 65 mártires: la de Ricardo Peludo Esteve y 35 compañeros, religiosos franciscanos, dos sacerdotes seculares y dos laicos; la causa de sor María Concepción Vila Hernández y III compañeras, tres religiosas Clarisas del Monasterio de la Puridad y San Jaime de Valencia, y otra religiosa Esclava de María Inmaculada; la causa de Vicente Queralt Lloret y 20 compañeros, que aglutina a 21 siervos de Dios de diversas procedencias, que, de una u otra forma, pertenecían a la “familia vicenciana”, es decir, a las obras de apostolado inspiradas en el carisma de San Vicente de Paúl: 7 eran religiosos Paúles, 2 eran religiosas Hijas de la Caridad, 5 eran sacerdotes diocesanos, y 7 eran laicos; la causa de Fidela Oller Angelats y II compañeras, religiosas de ‘San José de Gerona’ de la comunidad de Gandía; y la causa de Micaela Baldoví Trull y Natividad Medes Ferrís, religiosas del monasterio la Orden del Cister de Algemesí.
El próximo 21 de octubre tendrá lugar en la Sagrada Familia de Barcelona la beatificación de 109 mártires de la Congregación de los Misioneros Hijos del Corazón de María (Claretianos). Entre este numeroso grupo se hallan cuatro religiosos que formaban la comunidad de Valencia. Se trata de los padres Marceliano Alonso Santamaría, José Ignacio Gordón de la Serna, Tomás Galipienso Perlada y Luis Francés Toledano. Y ese mismo día será elevado a los altares el seminarista Antonio Cerdá Cantavella, natural de Xàtiva.
Asimismo, en la curia eclesiástica valentina se está instruyendo otra causa de 250 mártires. La encabeza el que fuera vicario general y deán de la Catedral don Miguel Payá Alonso de Medina. Incluye a 173 sacerdotes, 12 religiosos y religiosas, y, 65 laicos.
Como fueron muchos los cristianos que dieron su vida por Cristo y su Iglesia, son muchos los mártires, con nombres y apellidos, que han sido incluidos en los diferentes procesos de canonización, ya que se ha podido probar que aceptaron la muerte por Cristo.
Sin embargo alguno de los martirizados no podrá ser tomado en consideración, bien por falta de prueba, testifical o documental, bien por cualquier otro motivo. La experiencia aconseja mucha prudencia.
Información e imagen extraída de PARAULA.org

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