El Papa Francisco decretó el 23 de enero de 2020 poder contar entre el número de los beatos de la Iglesia universal a tres misioneros del Sagrado Corazón de Jesús, españoles, junto a siete de sus catequistas mayas de El Quiché.

               Uno de los misioneros, José María Gran Cirera, trabajó durante tres años (1972-1975) en nuestra parroquia de San Jerónimo. Muchos feligreses guardan grata memoria de su paso por la parroquia. Desde ella marchó para Guatemala en el año 1975. Todavía le dio tiempo a volver de vacaciones en 1978. Y el 4 de junio de 1980 fue acribillado a balazos por la espalada en medio de la selva, junto con su sacristán que le acompañaba en una de sus giras misioneras, por los militares de la República de Guatemala. Molestaba su presencia como testigo cualificado de las atrocidades que cometía el gobierno de entonces en Guatemala, sobre todo, con la población indígena.

               “Se lo advirtieron. Se lo habían dicho. Le hablaban de que estaba en peligro, de que era perseguido, de que le buscaban. Pero contestaba que corría el mismo peligro que la gente del pueblo a quien servía y que no iba a dejarla sola. Unos meses antes decía a su hermana mayor. < ¿Qué pensarías de un amigo si en el momento de la adversidad te abandona? > .

               Tenía 35 años, sólo llevaba unos cinco en Guatemala, en el departamento de El Quiché, por <cuya gente he tomado un cariño y respeto especial. Doy gracias a Dios de estar en Guatemala>, escribía a su familia”.

               José María, fue compañero de estudios de José Manuel González, antiguo párroco de San Jerónimo y mío. Llegamos juntos en el año 1972 a la parroquia. Él ya sacerdote, pues era algo mayor que nosotros. En su entrega él ha vivido la Pascua de una manera ejemplar, por eso ha sido declarado beato.

Que esa ejemplaridad nos impulse a todos en la parroquia, a los que le conocimos y a los que no le conocieron, a una entrega similar. Si no en el martirio cruento sí en el martirio incruento de cada día, como expresa bellamente un verso de un himno del oficio de mártires de la liturgia de las horas: “Martirio es el dolor de cada día, si en Cristo y con amor es aceptado, fuego lento de amor en alegría de servir al Señor es consumado”.

El viernes 27 de marzo a las 21 horas pasaremos un audiovisual montado en base a las cartas que fue escribiendo a lo largo de los cinco años de su permanencia en Guatemala. Son un testimonio del compromiso creciente de José María con ese pueblo indígena en el que llegó, como en el caso de Cristo, al amor hasta el extremo.

Provechosa Cuaresma y feliz Pascua de Resurrección.

Javier, vuestro párroco.

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