Agnes Bojaxhiu (Skopje, Macedonia, 1910-Calcuta, India, 1997) fue uno de los iconos del siglo XX, la santa de los pobres, “un lápiz en manos de Dios”, como ella misma se definía.
Bajo su shari blanco y azul, la obra de la Madre Teresa (en homenaje a la santa francesa Teresa de Lisieux) se centró en la ayuda a los oprimidos y en Calcuta, ciudad a la que llegó con 17 años, como miembro de las Hermanas de Loreto.
En 1950 creó la orden de las Misioneras de la Caridad, formada actualmente por 4.500 monjas en más de 130 países de todo el mundo. Levantó hogares para moribundos, niños, leprosos, enfermos de VIH, víctimas de violencia, prostitutas… Y su trabajo mereció el Premio Nobel de la Paz en 1979, que la consagró a nivel internacional, pese a su empeño por huir de los honores.
En 1999, dos años después de su fallecimiento, se inició su proceso de beatificación, que culminaría en 2003 de la mano de Juan Pablo II, tras reconocerse su primer milagro. En 1998, Mónica Besra, una mujer acogida por las Misioneras de la Caridad en Roma, desahuciada por un tumor en el abdomen, sanó inexplicablemente cuando una religiosa le acercó una estampa de la beata.
Ahora, la monja más célebre de todos los tiempos será canonizada por el papa Francisco el próximo 4 de septiembre, y su fiesta será el día 5 del mismo mes.
El pasado diciembre se aprobó el milagro necesario para declararla santa: la curación de un hombre brasileño que en 2008 se encontraba en fase terminal, con abscesos cerebrales, y cuya esposa se encomendó a Santa Teresa de Calcuta.

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