Queridísimos hermanos y hermanas en el Señor Jesús:
Antes que nada quiero dirigirme a tantas y tantas familias que habéis sufrido la muerte de personas muy queridas en vuestras familias o entre vuestros amigos, y deciros que hago mías vuestras lágrimas y vuestro dolor y que ruego y ofrezco diariamente el santo sacrificio de la Eucaristía por estas personas tan queridas, a las que ni siquiera en la mayoría de los casos habéis podido acompañar ni despedir, y también por vosotros amadísimas familias y amigos, con quienes me siento muy cercano, identificado y unido: os quiero. Son muchos miles las víctimas, y son las primeras, además, en nuestro cariño y memoria.
Sigue leyendo la carta completa aquí: CARTA COMPLETA “A LA COMUNIDAD DIOCESANA

No responses yet