Texto de la Charla cuaresmal sobre el Salterio de la Virgen María.

El Salterio de María
Origen y Teología del Rosario

Origen

Tres son los elementos de os que debemos partir para explicar los orígenes del Rosario: 1º): La reiteración frecuente en la Iglesia , desde los primeros tiempos, de la salutación angélica “Ave María”, según se desprende de ls inscripciones halladas en la antigua casa de S. José en Nazaret; Museo de la actual Basílica de la  Anunciación.2º) La costumbre oriental de repetir oraciones cortas y breves jaculatorias. 3º)El uso litúrgico de recitar los ciento cincuenta Salmos.

Comencemos por el final: en el siglo IX ya se conoce la costumbre del oficio Coral en los monasterios, el Oficio divino, nuestra actual Liturgia de las horas, en el que se recitaban. Pero a estas alturas de la historia ni los hermanos legos ni el pueblo llano sabe latín -la lengua de la Iglesia- con lo cual, al no poder cantar los Salmos debían rezar ciento ciento cincuenta Padrenuestros, que se consideran como una oración igualmente bíblica. Dicha práctica se prosigue en el siglo XI con la reforma Cluniacense (reforma de los monasterios benedictinos) y debido a la creciente devoción a María se añaden a los ciento cincuenta Padrenuestros las ciento cincuenta salutaciones angélicas o Avemarías, que empezaron a ser llamadas “El Salterio de María”. Así las cosas llegamos al siglo XIII en que aparece en escena Santo Domingo de Guzmán (1170-1221), fundador de la Orden de Predicadores (los Dominicos), el cual llevado de su gran devoción a la Virgen, cuando recorría los caminos en su predicación itinerante y fundadora acostumbraba a saludar a la Virgen con el Avemaría, a la vez que simultaneaba esta práctica con la predicación de los principales misterios cristianos: la Anunciación, la Encarnación, la Pasión y Muerte del Señor, su Resurrección etc. Pero en este tiempo solo se recitaba la salutación del Ángel y el saludo de santa Isabel, sin terminar aún con el “Jesús”, nombre que introdujo el dominico belga Fr. Tomás de Cantimpré (+1270). Toso esto y la profunda devoción mariana que inculcó Sto. Domingo a los frailes de su Orden, fue lo que llevó a considerarle como el fundador de Rosario, si bien en su época no había tomado todavía su forma actual. Ello no obstante, habrá que reconocer que los orígenes cuentan con una gran contribución dominicana, pero también de otras órdenes como por ejemplo la cartujana, representada por el prusiano Fr. Domimgo Helión (1384-1460), su hermano de hábito; Fr. Enrique Egher de Colonia (+1408), quien dsitribuyó las ciento cincuenta Avemarías en quince decenas separadas por un Padrenuestro, y esa fue, quizá, la forma del Rosario que llegó a conocer S. Vicente Ferrer (1350-1419), cuyo rosario se conserva en Nantes. Abreviando: la forma actual del rosario que ha llegado hasta nuestros días es obra de dos frailes dominicos del siglo XV: el bretón  Fr. Alano de la Roche (1428-1475) y Fr. Jacobo Spenger (+1495), dominico de Colonia a quien se atribuye la estructura actual del Rosario, en cuanto al uso de recitar tres veces cincuenta Avemarías con cinco Padrenuestros, conmemorando los principales misterios del Señor: gozosos, dolorosos y gloriosos; estructura y Cofradía aprobadas por el Papa Sixto IV mediante la Bula “Pastoris Aeterni”, primer documento de la santa Sede al respecto, al que seguiría otros muchos más recomendado dicha devoción para toda la Iglesia, entre los que destacaremos la Bula del Papa Dominico S. Pío V (1504-1572, el cual en su Bula “Consueverunt Romani Pontifices” de 1569, fijó los términos del Rosario tal como los conservamos hoy, incluida la respuesta del “Santa María”, a la salutación angélica, respuesta que se había ido fraguando con el paso de los siglos, y que dicho Pontífice aprobó definitivamente en su forma actual. Fue este mismo Papa el que instituyó la fiesta de Ntra. Señora de la Victoria en 1571 para celebrar el auxilio de la Virgen, implorado por toda la cristiandad, en Lepanto, y fue Gregorio XII (1502-1585), el que cambió el título de esta fiesta por el de Ntra. Señora del Rosario, mediante la Bula “Monet Apostolus” del 1 de Abril de 1571. A partir de ese momento la devoción del Rosario, impulsada sobre todo por los dominicos, no deja de crecer y de difundirse en la Iglesia, fundando innumerables Cofradías por doquier, así como otras asociaciones afines como el Rosario Perpetuo (iniciado por Fr. Timoteo Ricci O.P. (1579-1643) o el Rosario Viviente, fundado por la seglar francesa Paulina Jaricot (1799-1862), de cuya raíz procede, en último término el nacimiento de la actual  Congregación Pontificia para la Evangelización de los Pueblos.

A partir de estos primeros documentos pontificios que acabamos de mencionar, a lo largo de los siglos los Papas no han dejado de recomendar vivamente la práctica de dicha devoción; solo destacaremos los del siglo XX: Benedicto XV, Pío XI, Pío XII, S. Juan XXIII; Beato Pablo VI y S. Juan Pablo II que introdujo los Misterios Luminosos.

Teología del Rosario

Son tres los aspectos que debemos señalar como integrantes de esta oración tan completa: en primer lugar, su  doble dimensión como oración vocal y mental, en el sentido que se conjuga la recitación vocal con la meditación de los misterios de nuestra salvación; en segundo lugar la posibilidad de ser una oración individual y comunitaria, dado que su rezo puede ser privado o en común; pero sobre todo debemos destacar como elemento “vivificador” de todo ello, el paralelismo que se puede trazar entre la Historia de la Salvación que se va desgranando a lo largo del discurrir de los Misterios y la nuestra propia. Es en este aspecto en el que me fijaré sobre todo, intentando vincular el Rosario a la Eucaristía, en la medida que la Eucaristía es el culmen de la celebración de toda la Historia de la Salvación en cuanto es la celebración de la muerte y Resurrección del Señor y el rezo del Rosario recorre nuestra vida unida a la de Jesucristo identificando nuestra vida con la suya hasta la consumación completa de nuestro paso con él al Padre.

Tracemos primero lo que podríamos llamar “línea eucarística” tomando un fragmento de la Anáfora IV que me parece la más significativa: “Te alabamos Padre Santo porque eres grande, porque hiciste todas las cosas con sabiduría y amos. A imagen tuya creaste al hombre….Reiteraste además tu alianza a los hombres, por los Profetas los fuiste llevando con la esperanza de salvación y tanto amaste al mundo, Padre Santo, que al cumplirse la plenitud de los tiempos nos enviaste como Salvador a tu único Hijo, el cual se encarnó por obra del Espíritu Santo, nació de María Virgen y así compartió en todo nuestra condición humana, menos en el pecado (Primer Misterio Gozoso). Anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y a los afligidos el consuelo (Tercer Misterio Luminoso). Para cumplir tus designios, él mismo se entregó a la muerte (Misterios Dolorosos), y resucitando destruyó la muerte y nos dio nueva vida (Primer Misterio Glorioso); y porque no vivamos ya para nosotros mismos, sino para ël que murió y resucitó, envió Padre desde tu seno al Espíritu Santo como primicia para los creyentes (Tercer Misterio Glosioso), a fin de santificar todas las cosas, llevando a su plenitud su obra en el mundo (Cuarto y Quinto Misterio Glorioso).

          Esta es la Historia de la Salvación de Cristo y de María, figura de la Iglesia que somos nosotros. Sigamos ahora -con el Rosario en la mano- lo que es la nuestra unida a la suya, en la medida que compartimos gozos, luces, dolores y victorias: tracemos el paralelismo y compartamos, a medida que los vamos recitando, algunas de las frases correspondientes a cada Misterio, que en mi opinión nos pueden identificar con María y su Hijo.

Misterios Gozosos (Lunes y Sábados)

Primer Misterio: la Encarnación del Hijo de Dios.

¡Alégrate llena de gracia, El Señor está contigo!…No temas María, porque has hallado gracia delante de Dios…Concebirás y darás a luz un Hijo…Hágase en mi según tu Palabra” (Lc 1,1,18.29.31.38)

Segundo Misterio: La Visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel

“Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Lc1,45)

“¡Proclama mi alma la grandeza del Señor…!” (Lc 1,46)

Tercer Misterio: el Nacimiento del Hijo de Dios

“Y el Verbo se hizo hombre y puso su morada entre nosotros y hemos contemplado el amor que nos tiene (Jn 1,14) “Un amor capaz de corresponder al suyo” “(Jn 1,16).

Cuarto Misterio: La Presentación del niño Jesús en el Templo

“Ahora Señor puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador a quien has presentado ante todos los pueblos” (Lc 1,29.30)

Quinto Misterio: Jesús perdido y hallado en el Templo

“¿No sabéis que debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?” (Lc 1,49).

Misterios Luminosos (Jueves)

Primer Misterio: El Bautismo del Señor en el Jordán

“¡Ójala rasgases el cielo y bajaras¡” (Is 64,1) Y “El Espíritu descendió sobre Él en forma corporal, como una paloma y una voz del cielo decía: “Tu eres mi Hijo amado, en ti me complazco” (Lc 3,22).

Segundo Misterio: La revelación de Jesús en las bodas de Caná”

“Este fue el comienzo de los signos que realizó Jesús en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y creyeron en ël sus discípulos” (Jn 2,11).

Tercer Misterio: El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión

“Jesús proclamaba la Buena Noticia de Dios: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios ha llegado; convertíos y creed en la Buena Nueva” (Mc 1,14.15).

Cuarto Misterio: La transfiguración del Señor

“Jesús se transfiguró delante de ellos (Pedro, Santiago y Juan); su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz….Unanube luminosa los cubrió con su sombra y salió de la nube una voz que decía: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco: ¡Escuchadle!” (Mt 17,2.5)

Quinto Misterio: La institución de la Eucaristía

“Porque yo recibí del Señor lo que os trasmití; que el señor Jesús la noche en que era entregado, tomó pan, dio gracias, lo partió y dijo: “Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía”. Asimismo, tomó el cáliz después de cenar y dijo: “Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiéreis, hacedlo en memoria mía”. (1Cor 11,23-25).

Misterios Dolorosos (Martes y Viernes)

Primer Misterio: La oración de Jesús en el Huerto

“¡Padre que no se haga mi voluntad sino la tuya!” (Lc 22,41)

“Aunque era Hijo, aprendió sufriendo a obedecer, y llegado a la consumación, se ha convertido en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen” (Heb 5,7-9).

Segundo Misterio: La flagelación del Señor (Mt 27,26-31; Mc 15,15-20; Jn 19,1-2)

Tercer Misterio: La coronación de espinas(Mt 27,26-31; Mc 15,15-20; Jn 19,1-2)

Cuarto Misterio: Jesús con la cruz a cuestas (Mt 27,31-50; Mc 15,21-27; Lc 23.26.34-38; Jn 19,17-24).

Quinto Misterio: La crucifixión del Señor “¡Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?!” (Mc 15,14; Sal 21,1).

“Desde el vientre materno Tu eres mi Dios…M e hará vivir para ël, mi descendencia le servirá…contarán su salvación al pueblo que ha de nacer; todo lo que hizo el Señor” (Sal 21,11.31).

Misterios Gloriosos (Miércoles y Domingos)

Primer Misterio: La resurrección del Señor

“¿Porqué buscáis entre los muertos al que vive?” (Lc 24,15)

“¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto para entrar en su gloria?” (Lc 24,26).

“Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con ël” (Rom 6,8).

Segundo Misterio: La ascensión del Señor

“(Ruego para que conozcáis) cual es la soberana grandeza de su poder para con nosotros los creyentes, conforme a la eficacia de su fuerza poderosa que desplegó en Cristo resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su diestra en los cielos” (Ef 1,19-20).

Tercer Misterio: La venida del Espíritu Santo

“Y al esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5,5)

“Y si el Espíritu de Aquél que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos, dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros” (Rom 8,11).

“El Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios, y si hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo” (Rom 8,16).

Cuarto Misterio: La Asunción de la Virgen al Cielo

“Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre su descendencia y la suya. Su descendencia te aplastará la cabeza, y  tú le morderás el talón” (Gen 3,15)

“Alégrate María llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1,28).

“Tu eres la gloria de Jerusalén, tu eres la alegría de Israel, tu eres el orgullo de nuestra raza” (Judit 15,9).

Quinto Misterio: La coronación de la Virgen como Reina de todo lo creado

“Ya entra la Princesa bellísima, vestida de perlas y brocado” (Sal 44,14)

“De pie, a tu derecha, está la Reina, enjoyada con oro de Ofir” (Sal 44,10)

“Quiero hacer memorable tu nombre por generaciones y generaciones y los pueblos te alabarán por los siglos de los siglos” (Sal 44, 18).

José Manuel Alcácer Orts O.P.

Parroquia de S. Jerónimo 10 de Marzo de 2017

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